jueves, 4 de diciembre de 2014

Una bomba en el jardín -Una lectura de Las señoritas de escasos medios, de Muriel Spark (Impedimenta)-.

 
«Hace tiempo, en 1945, toda la gente buena era pobre». Así comienza Las señoritas de escasos medios, de Muriel Spark (Impedimenta). Bien podría ser el comienzo de una historia épica en la que el tiempo, sembrado por la sangre, el sudor y las lágrimas, comienza a rendir frutos: la rendición alemana, el inminente fin de la Segunda Guerra, el pueblo inglés que hace frente a la falta de ropa y alimentos.
Si aquella épica existió realmente, no es lo que aparece en Muriel Spark.
Desde lejos, los edificios bombardeados le dan un aire señorial a Londres. Parecen castillos en ruinas. Pero al acercar la lupa se revelan como lo que son: casas simples de empapelado viejo y sucio, escaleras que no llevan a ninguna parte, cadenas de baño que cuelgan de un tercer o cuarto piso. Las señoritas de escasos recursos se muestran como mujeres abnegadas, caritativas, virtuosas, pero en el cotidiano están más preocupadas por los vestidos y los gramos que engordan con cada comida, que por el futuro del país. Viven en una residencia para mujeres menores de 30 años (aunque hay tres cincuentonas). El club “May of Teck”, fundado por la reina María antes de casarse con Jorge V, sobrevivió a los bombardeos alemanes. Incluso a una bomba que cayó en el jardín y rompió todos los vidrios. Hasta hay una mujer (una de las cincuentonas) que se empeña en decir que cayó una segunda bomba que quedó enterrada entre las plantas. Así es como se vive: entre contradicciones e imposturas, con ensueños de bohemia, esperando que estalle la segunda bomba que a nadie le importa y en la que nadie cree. 


lunes, 17 de noviembre de 2014

"De ratones y hombres" (La fuerza bruta) de John Steinbeck

El prestigioso novelista estadounidense (Salinas, 1902 - Nueva York 1968), premio Nóbel de Literatura en 1962, creador de obras realmente significativas tales como "Al este del Edén", "Viñas de ira" , "La perla", "En lucha incierta", "A un dios desconocido", "El ómnibus perdido",  “ Las praderas del cielo” , “ El largo valle” , “Tortilla Flagg”, “ Dulce Jueves” entre otras, nos ha dejado una breve novela, la cual he destacado con su nombre primigenio, queriendo devolver la dignidad del título original dado por el formidable escritor californiano, y que la industria editorial, tal como suele hacerlo generalmente, lo ha lanzado al mercado de habla hispana enfocado al eventual comprador, con otro en apariencia más comercial*.


En la actualidad, Distribuidora Waldhuter , dispone de varios títulos de este novelista . Cualquiera de ellos nos permite leer un autor cuya escritura   mantiene permanentemente  la magnificencia de su estilo  y la calidad incuesti
onable de uno de los mejores narradores norteamericanos del siglo XX.

Prolífico escritor, Steimbeck exhibe un estilo de conciencia y artesanía que puede definirse como la "voz" del escritor, y esta comunión se relaciona con las cualidades inherentes a la escritura, a la autenticidad del lenguaje puesta de manifiesto en la ejecución de sus obras. Sus letras denuncian la injusticia contra los sectores más humildes de su país, exponiendo magistralmente la cotidiana realidad de gente sencilla enfrentadas al el egoísmo y la malignidad de las clases "civilizadas" y abusivas.
 En "De ratones y hombres" asistimos a la amistad entre dos marginados sociales, George y Lennie quienes arriban hasta un Rancho del oeste norteamericano en busca de trabajo. George tiene a su cuidado al discapacitado mental Lennie, una especie de criatura en el cuerpo de un gigante. A partir de estos dos elementales personajes, uno el típico buscavidas, mujeriego y bebedor, sobrellevando como contrapartida, la carga que significa su amigo y su conmovedora inocencia y desmemoria sin atisbo de razón alguna, cuyos delirios se circunscriben a la obsesión de todo aquello que signifique suavidad al tacto de sus  enormes manos, acordes a su fuerza descomunal y descontrolada, Steinbeck va construyendo un melancólico y humano relato, cuya virtud reside en la propia transparencia del mismo, sin aparente elaboración previa y tal como si los hechos fueran sucediéndose de manera natural. La acción transcurre bucólicamente en un cuadro perfectamente confinado a la vida diaria del rancho, y en el cual los personajes centrales, van tejiendo una cadena de proporciones imprevisibles, la que es retratada  magistralmente por el autor , hasta que por la propia aceleración de los acontecimientos, el drama  conduce a un desenlace lapidario.

Leer "De ratones y hombres" es leer a un autor con el cual se hizo justicia mediante el Nóbel que recibió, es leer  un libro maduro e impecable que no  permite una sola tregua en su creciente tensión de humana sensibilidad.
Esta pequeña obra maestra de un escritor de la talla de Steinbeck, alcanza una cima muy alta dentro de su extensa producción como escritor.
Su lectura es altamente recomendable, y mas que ello resulta una necesidad  inexcusable.

 José Santos

viernes, 24 de octubre de 2014

Novedad de Eterna Cadencia

Las ideologías de la teoría de Fredric Jameson. Ensayo
• Este volumen presenta un panorama de las intervenciones críticas más relevantes de Fredric Jameson, su visión particular del marxismo, de sus alcances y de sus límites.
Las ideologías de la teoría incluye textos ya clásicos e insoslayables, como “Periodizando los 60”, pero también otros menos conocidos, en muchos casos reseñas de los libros y artículos que llevaron a Jameson a repensar su relación con el marxismo occidental. Jameson es ante todo un lector, que añade a su oficio el de cartógrafo: la suma de los capítulos dibuja un mapa total de los distintos territorios del dominio que emos dado en llamar “teoría”.
• Un libro monumental, que tiene la voluntad de incluir prácticamente todo y la virtud de explicitar los presupuestos políticos que han guiado el trabajo de delimitación de uno de los críticos contemporáneos más importantes.

784 págs.
ISBN 978-987-1673-53-7
15,5x 23 cm.

viernes, 26 de septiembre de 2014

La vida a paso de hombre

Entrevista:

El sociólogo francés David Le Breton reivindica la caminata como forma de resistencia.

Caminar es un buen anacronismo en el mundo contemporáneo de la velocidad, la utilidad, el rendimiento, la eficacia, de las tecnologías, es un acto de resistencia”, enfatiza el sociólogo francés David Le Breton, festejando, casi con la picardía de un niño, ser parte de esa gesta de caminantes a la que han pertenecido grandes escritores, pensadores y poetas. En su libro Caminar. Elogio de los caminos y de la lentitud (Waldhuter), lanzado recientemente en la Argentina, el autor explora el paso de los andariegos y, como todo senderista, se sirve de las huellas que han dejado otros caminantes, como Charles Baudelaire, Arthur Rimbaud, Virginia Woolf, Friedrich Nietzsche, Marcel Proust, Italo Calvino y Albert Camus, entre otros. “Escribo como un caminante, con una curiosidad infinita, con la sensación de buscar un diálogo amistoso con otros innumerables estudiosos, escritores, creadores, como si todos camináramos juntos por la ruta discutiendo, sabiendo escucharnos y argumentar cuando no estamos de acuerdo”, afirma Le Breton.
–¿Qué es, para usted, lo más valioso de la experiencia de caminar?
–Caminar involucra los recursos elementales del cuerpo, sin tecnologías, a paso de hombre, sin prisa, cada uno a su ritmo. Es una vuelta a lo sensorial, a la disponibilidad en los caminos y al alejamiento de las preocupaciones personales. Caminar es un reencantamiento de la existencia, es sentirse vivo, real, inmerso en el corazón del mundo. Es un acto de resistencia que privilegia la lentitud, la conversación, el silencio, la curiosidad, la amistad, la gratuidad, la generosidad, la contemplación. Tomarse tiempo hoy es una forma de subversión, igual que la larga inmersión en una interioridad que parece un abismo para muchos contemporáneos que sólo viven en la superficie de sí mismos y hacen de ésta su única profundidad. Caminar en el contexto del mundo contemporáneo podría evocar una forma de nostalgia.
–¿Hay en la lentitud, en la creación de un ritmo propio, una clave de la experiencia del caminante?
–El caminante establece su soberanía ante el calendario, su independencia frente a los ritmos sociales. No va más rápido que su sombra. La caminata desbarata los imperativos de velocidad, de rendimiento, de eficacia. Es un movimiento de respiración. El caminante es aquel que se toma su tiempo y no se deja atrapar por el tiempo. Ya no se trata del tiempo cotidiano acompasado por las tareas del día o los hábitos, sino un tiempo que se estira, que callejea, que se aparta del reloj. Una marcha en un tiempo interior, un retorno a la infancia o a momentos de la existencia propicios para una vuelta sobre sí mismo. La caminata exige una suspensión dichosa del tiempo, una disponibilidad a entregarse a improvisaciones.
–¿Cuál es para usted la diferencia esencial entre caminar y correr? ¿Qué implica la elección de una actividad sobre otra?
–También me gusta correr, pero la experiencia es distinta. Correr a pie poniendo el cuerpo en el centro radiante de la vida es un camino para valorizar lo mejor de nosotros mismos. Convierte el enfrentamiento consigo mismo en una prueba decisiva que el cuerpo ratifica. Genera un sentimiento de ampliación de uno mismo. Pero es sobre todo un esfuerzo sobre sí mismo, asociado a menudo a una necesidad de salud, un imperativo, un deber incluso. El caminante no tiene esta preocupación en cierto modo puritana, se mantiene dentro de un compromiso físico moderado pero siempre dichoso.
–Existe en la actualidad cierto fervor por el running, ¿a qué piensa que ello puede adjudicarse?
–A la obsesión de nuestros contemporáneos con la salud, a esa resistencia contra la humanidad sentada en que nos hemos convertido con un cuerpo generalmente inútil, incómodo y que hace sentir su malestar. Muchas veces correr, incluso en un lugar fijo en las salas de gimnasio, es una exigencia para recuperar la dimensión encarnada de la existencia.
–En su libro habla del ejercicio de caminar o correr en una cinta como un exorcismo de la caminata, ¿cree que quienes optan por ello están desechando el goce del andariego, aferrándose sólo a fines utilitarios?
–Sí, esa postura tiene un lado ridículo, narcisista. Alcanzamos aquí una fase suprema del puritanismo que afecta a una parte de nuestros contemporáneos. El cuerpo se transforma prácticamente en una prótesis. No sirve para nada en lo cotidiano. Los clientes de estos gimnasios son hombres o mujeres que permanecen sentados durante todo el día. Su cuerpo se hace sentir dolorosamente. En vez de ir a caminar o a correr al bosque, prefieren no abandonar la seguridad del universo tecnológico y aséptico que los envuelve. Le tienen miedo al encuentro, miedo de descubrir que hay otro mundo presente detrás de la pantalla de su computadora, de su parabrisas o las ventanas de su escritorio. Ya no viven la experiencia corporal y sensorial del mundo, mantienen su cuerpo.
Fuente: Revista Ñ

jueves, 25 de septiembre de 2014

Rusia: premio a la mejor traducción de literatura del siglo XIX por El doble. Dos versiones: 1846 y 1866, de Fiódor Dostoievski



Eterna Cadencia Editora y el traductor Alejandro González hemos sido galardonados por el Instituto de Traducción de Rusia con el premio a la mejor traducción de literatura rusa del siglo XIX por la edición de El doble. Dos versiones: 1846 y 1866, de Fiódor Dostoievski, lanzada en noviembre de 2013. Nuestro traductor estuvo presente en la ceremonia en Moscú. Aquí el momento de la premiación:

lunes, 8 de septiembre de 2014

TALLO DE HIERRO (Ironweed)

Por José Santos


William Kennedy  nació en 1928 y desde siempre ha vivido en Albany, New York.
Su ciclo narrativo está compuesto por novelas independientes, aunque vinculadas entre sí por su localización en Albany, que inicia con “ El camión de la tinta”, sigue con "Legs" y más adelante con " El juego más grande", "Tallo de hierro", "El libro de Quinn" "Reliquias muy queridas", “ Flores de fuego” y el último hasta ahora publicado en castellano bajo el título de “Roscoe”.
 En este encadenamiento de historias ambientadas en dicha ciudad, Kennedy crea una nueva saga dentro de otra, al traer a la vida una sucesión de personajes de una misma familia en cinco de estos títulos; los Phelan, protagonistas que por estar situados en tiempo y espacios distintos, no se entrecruzan en sus libros.
No obstante , es la maravillosa “ Ironweed” ( Tallo de hierro), la que se pega al alma del lector  con mayor fuerza que las que le anteceden y preceden  dentro de este quinteto significativo de novelas.
 “Tallo de hierro”, es una obra realmente extraordinaria, cuyo título es emblemático a una planta muy común en Albany, "la hierba de hierro alta" (Tall Ironweed), nombre que aduce a la dureza de su tallo y hace alusión a la vida desquiciada del personaje principal, Francis Phelan, ex jugador de béisbol, hoy marginal errante cuya existencia se desmorona poco a poco, perseguido por obsesivos fantasmas de las personas que ha matado durante una revuelta callejera en la época de la gran Depresión norteamericana, espíritus que le agobian y lo convierten en un hombre a la deriva, abrumado por sus mitos y terrores  internos. 
El relato está ubicado en el período cercano a la madurez biológica de un Francis Phelan transfigurado en un vagabundo que va de un lado para otro sin rumbo fijo. La historia inicia con Francis trabajando en forma ocasional en un cementerio en el que yace su pequeño hijo Gerald, muerto accidentalmente el día en que se le escurrió del pañal, entre sus manos. Aquella fatalidad lo llevó al abandono de su familia, convirtiéndose desde ese momento en un bebedor andrajoso que  encuentra, a una vieja novia y  ahora nueva compañera de borracheras.
 Esta relación entre dos alcohólicos que viven miserablemente en la calle, intentando ganar algún dinero de cualquier manera para comprarse su bebida, está enmarcada en una ciudad maltrecha e insolente que pretende simular que la Depresión no existe, que la realidad es una ilusión que puede desvanecerse con las primeras horas del alba.
Son varios los personajes que habitan esta novela fantástica, y cada uno de ellos tienen el honor de compartir el retablo de los actores principales dentro de la obra.  La historia avanza hacia un final que el lector  no puede presagiar, ya  que llevada por la mano maestra del escritor,  “Tallo de hierro”  culmina en  un  trabajo de literatura soberbia e inolvidable; una lectura preñada de genuina  y dramática capacidad poética, que  sacude sin concesiones nuestras emociones más firmes. 
 William Kennedy, uno de los grandes talentos vivientes de las letras norteamericanas, confirma con esta novela la maestría de un narrador de supremo nivel.
 Esta obra, que en 1984 ganara el Premio Pulitzer , el Premio Nacional de la Crítica y el Premio  del Círculo de Periodistas de su país -también fue llevada al cine con el protagonismo excepcional de Jack Nicholson y Meryl Streep-.